-...Y yo le digo a Gloria, no te sientas culpable por querer matar a tu hija. Yo todavía me acuerdo de alguna vez en que volvía a casa en un colectivo y pensando, ahora, en cuanto abra la puerta agarro el cuchillo de picar carne, la corto en cachitos, la tiro al aceite hirviendo y le grito: esto a mi no me lo hacés nunca más, ¿me escuchas?
Mi madre y sus ataques de sincericidio
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